
Hoy la subjetividad está encerrada en el claustro de su propio destino epocal. Es una subjetividad que vive en un tiempo abstracto, sojuzgado por la trama del determinismo material, social, político, etc, por la sucesión de necesidades imperiosas que le sustraen el presente y lo constriñen a un ahora puntual sin perspectiva de un horizonte abierto a un otro tiempo por-venir
Pero hay otro presente que no pasa, una memoria del espíritu, es la memoria de lo que somos y que jamás hemos dejado de ser, aún sin saberlo, un resto, una reserva. Algo, una inquietud desde lo profundo que hace estallar toda la vida apelmazada del escenario rutinario de la cotidianidad hasta que por fin se libera y se expresa, una emoción que se revela inseparable de nuestra libertad, inseparable del movimiento que está en el fondo de las cosas, y que el espíritu capta: el espíritu mismo de las cosas y los seres con lo que vibramos en profundidad: es emoción, emoción frente al pasaje mismo del tiempo, y es justamente lo que nos libera de lo que nos ata a los seres y no al movimiento de los seres: el puro devenir
En la vertiginosa edad del tiempo real, de la uniformidad de la falta de tiempo y del arquetipo del presente eterno que hoy nos toca transitar se ha dejado atrás la concepción de un tiempo lineal que arrancaba desde un pasado hacia un futuro cada vez mejor y más abierto y con un mañana esperanzado en el que se esperaban llevar a cabo los proyectos más deseados
Ahora el porvenir se destemporalizó sufriendo un quiebre en su apertura hacia el futuro con el que se mantiene atado al tiempo omnipresente de la eterna permanencia. Todo sucede como si se viviera en el afuera del tiempo que pasa esperando el gran acontecimiento que les dé sentido, y al darse cuenta de su existencia ya es demasiado tarde
Este tiempo paralizado remite a una especie de escenario predeterminado donde se asiste a la representación de la sociedad como espectáculo donde el yo autoconstruido se alimenta de imágenes preexistentes que modulan sus propias narrativas inspiradas en los códigos audiovisuales e informáticos que crean y recrean el mundo mientras este yo relatado se refleja en el espejo de los personajes que pueblan las pantallas y con los que llega a mimetizarse. Un yo relatado sin experiencia, sin novedad
Es la época de rendirle culto a la velocidad, de agradecerle no pensar en el pasado que parece haber perdido sentido como causa del presente. Liquidado el pasado, la velocidad abraza al presente anticipando futuros en los bordes del ahora sin vivir la experiencia de entrar en ese tiempo para transcurrir con él en vez de mirarlo pasar atados a eternidades efímeras, sino pasar al adentro del tiempo en vez de pensarlo desde afuera mientras fuga
En todo este cambio paradigmático, en esta episteme tecno que hoy se ha instalado, la eficacia y la eficiencia son las excusas que se consideraron indispensables e irreductibles para explicar este panorama que hoy des-vivimos y que parecen eximir de cualquier pregunta por el sentido
Desaparecido el pasado no es tan asombroso que esa sensación de comienzo absoluto de nuestra contemporaneidad coincida con el asentamiento de la tecnología como un tipo de supremacía que fusiona un saber-la ciencia con un saber- hacer : la técnica, y con la instalación del liberalismo capitalista informatizado. El pasado se archiva y el tiempo ya no se disuelve en el ayer sino que se recicla y muta en mercancía y se consume como fetiche sin dar nada a cambio
Hay una otra peculiar manera de vivenciar la propia inscripción en el tiempo que parece haberse desorientado, pero todo lo que es, es en el tiempo y la libertad es justamente lo que permite descender en el tiempo y reencontrar allí la corriente subterránea de la que estamos hechos, las emociones, los afectos que vienen de afuera, inesperados, imprevistos, como un verdadero cataclismo pues el tiempo ya no pasa en el exterior, nos atraviesa dejándonos indefensos. Deviene interior, un verdadero sentido interno, la duración. Una manera de quebrar el destino preexistente, ya que el mundo lo llevamos también con nosotros y es nuestra semejanza y nuestra representación
La materia y la vida que llenan el mundo están también en nosotros, las fuerzas que obran en todas las cosas las sentimos en nosotros, cualquiera sea la esencia íntima de lo que es y de lo que se hace, nosotros estamos allí
Frente a la conciencia - que encandila y somete - y a la inmovilidad - que el concepto o la idea suponen - la intuición se inscribe en el movimiento mismo, habita con la simpatía la fluidez de lo real para aprehenderla tal cual es sin las distorsiones conceptuales o imaginativas a las que nos ha acostumbrado una percepción deformada de la realidad. Así el ser humano podrá percibir la eterna duración como lo grita la realidad en lugar de un presente instantáneo
No hay estado del alma, por simple que sea, que no cambie a cada instante, pues no hay conciencia sin memoria ni continuación de un estado sin sumarle al presente el recuerdo de los momentos pasados. Esto es la duración y la esencia de la duración es la libertad
La duración verdadera es de índole emocional, son emociones constitutivas de la duración en nosotros. Todo el ser es durar, vibrar, resonar. No somos nada más profundo que las resonancias, las vibraciones, ritmos, nada más que ritmos
Nuestra libertad, arrinconada reside en esos miles y miles de sentimientos, pensamientos, percepciones, cuya síntesis somos
El acto libre adquiere densidad por todo un pasado que representa el alma entera, de allí emana la decisión libre. Es la totalidad íntegra de la historia de la persona, de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus aspiraciones
En cada sustancia hay huellas de todo lo que le ha sucedido
El acto libre al estar así conformado, cargado de todas las emociones reprimidas posee una dimensión política propia esencial más decisiva que toda “política” ya que en su esencia rebelde e insumisa, rechaza la clausura y el acabamiento y se asume como un pensamiento en devenir, una búsqueda constante, una continua apertura
Las emociones de las que está preñado nos hacen nacer a la política verdadera, permanecer en la lucha contra las maneras de habitar, ver, hablar y actuar, única condición que nos posibilita reapropiarnos de este mundo
La materialidad política, su atención privilegiada al territorio de los intereses, las alianzas, las ventajas, et al, es esa realidad pastosa, realidad irreductible de la política, que la reflexión teórica nunca puede justificar del todo ni tampoco dejar de lado y que, de ser así, llevaría todo proyecto al fracaso. Funciona solo como ideología o falsa conciencia
No hay expresión que no reivindique sordamente un derecho a la expresión, pero veces tendemos a obviar esos requerimientos de expresión y entonces se acumulan en las profundidades con una gran carga explosiva que nos lleva, en el mejor de los casos, a liberarlas. Allí se consolida el vínculo indisoluble de tiempo y emoción
Hay un sentido del porvenir y si puede ser engendrado es a partir de la emoción y solo de la emoción, Bergson dixit
La libertad es inseparable de la afirmación de uno mismo, de un yo profundo que se configura con las emociones más intensas que hemos experimentado en nuestra vida. Solo empezamos a pertenecer al tiempo a través de la emoción que parece no responder a las preguntas que el mundo nos formula; es una respuesta que no está precedida por ninguna pregunta previa, no está determinada
Continuamente sacrificamos la emoción de los todos por la atención a las partes,ya que el mundo nos exige cierto tipo de acciones, reacciones, opiniones e incluso de emociones cuyo carácter parcial supone silenciar las emociones profundas, aquellas con las que vibramos subterráneamente
Nos convertimos en autómatas conscientes debido a que así obtenemos pertenencia, seguridad y beneficios adicionales, sometido el cuerpo a la homogeneidad de los hábitos, sometido el pensamiento a un ritual de asociaciones
No se puede enfrentar la libertad sin tener en cuenta hasta dónde el sistema de la vida social se opone en nosotros a toda forma de expresión, innumerables coerciones, represiones, repudios de la sensibilidad, desgaste de su potencia
Todo pasa como si el mundo no nos dejara ocupar ninguna posición ni ningún ritmo de duración distinto a aquellos que nos impone su presente, pero también colaboramos contra nosotros mismos, con nuestra propia inercia, con esa repugnancia a querer que nos hace abdicar de nuestra libertad. Somos libres cuando nuestros actos emanan de nuestra personalidad entera, cuando la expresa no una agitación de superficie sino un estremecimiento del alma
Setiembre 14 de 2025