
una densidad curva el presente y pensar se nos aparece como un correrse hasta los límites y hallar las huellas de lo inefable como un exceso indecible
cuando lo real se agrieta nace el asombro
el roce de lo ininteligible
lo que se enmascara entre los intersticios de lo cotidiano y
es preciso desanclarse de sí mismo
y de las palabras sin las cosas
el tiempo va pasando y al asomarse a su penumbra, la fascinación de los hechos límites oculta la relevancia de las pequeñas respuestas, esas que apenas si rozan el silencio, reificadas por la civilización, sumadas a la acumulación de cosas reducidas a la inmediatez de la presencia sensible
Merodear el dolor en pleno día
temiendo el regreso de la noche y su mirada ciega
colecciona rumiaciones recuerdos repentinos deseos mal contenidos
Los hombres viven la vida pensando siempre en un futuro que nunca llega, más con el anhelo de ya haber vivido que con el de vivir
A ello se opone la posesión presente de la propia vida que es contraria a toda esa muralla de saberes, instituciones políticas y sociales, códigos morales, etc. que el ser humano construye para diluir en ellos la propia experiencia de la vida siempre situada en otro lado y subordinada a categorías que dejan de ser tan solo una parte para erigirse en potencias con una existencia propia a cuya satisfacción se sacrifica el conjunto de la existencia
El arte de vivir sería la capacidad de mantenerse en relación armónica con lo que se nos escapa. Todo está enlazado en la urdimbre de la existencia
Sería necesario desenmascarar el desarrollo de la civilización que priva al individuo de la fuerza de vivir plenamente en posesión del propio presente y de la propia persona sin consumirla, incesantemente a la espera de un resultado que siempre está por venir, que nunca ES
Los hombres viven solo “entretanto” esperando que llegue la vida y quemándola en la espera aguardando que “las piedras se vuelvan panes y que el agua se vuelva champagne”
La civilización es la historia de los hombres incapaces que construyen la organización social del saber y del hacer para ocultarse a sí mismos la visión y la conciencia de su vacío
Hay un antagonismo radical que separa al animal del conocimiento que alcanza a sostenerse en la punta extrema de su saber, indiferente tanto a la espera como a la desesperación, enteramente persuadido de la plenitud del instante presente, y, del otro lado, del común de los mortales, abducidos por la ilusión de una vida futura, demorándose en una experiencia meramente retórica del presente, engañados, entregándole a esa retórica la propia vida
Hay la soberanía del persuadido para quien cada instante se sostiene por sí mismo y no apoyándose los unos sobre los otros, vencidos, inclinados sobre el instante imaginario de la solución siempre por venir. Pero, no obstante, también es posible conservar el equilibrio en la intensidad de esa luz sin consumirse
Si abrimos los oídos todos dicen lo mismo. A pesar de la distancia los espíritus se encuentran en el mismo camino. Hablarán, pero la vacuidad del lenguaje – la palabrería – es lo opuesto del pronunciamiento atemporal de unos pocos
Cada uno sabe solamente lo que es bueno para sí mismo y se sirve del otro como de un medio para un fin propio. Es el Credo del individuo fragmentado
Eso que hermana todas las cosas es el dolor, la percepción de una ausencia de fundamento, que habla con una voz muda y que puede por eso hacerse, paradójicamente, fuente de sentido. La persuasión es por ello, evento, liberación del tiempo siempre idéntico de la retórica, en el cual el “mal es esto que no puede advenir”
Toda palabra dicha es la voz de la suficiencia. Cuando uno habla afirma la propia individualidad ilusoria como absoluta. El sujeto en cuanto que dice se finge sujeto absoluto, pero el sujeto que se da de hecho, es la ilusión de la individualidad, un querer decir que es el necesario presupuesto de todo discurso, la intención. La primera persona del discurso no es el sujeto de la intención. El yo no es jamás la intención significante del discurso, no menciona una cosa anterior a la ilusión sino un modo como todos los otros de la ilusión misma
Cada uno debe salir de la lógica según la cual vive por vivir, vive porque vive – porque ha nacido debe tomar sobre sí la carga del dolor, subir un Calvario y entablar un cuerpo a cuerpo con la vida, poseídos por una misma hambre
Mientras viva irreductiblemente oscura el hambre de la vida todo lo que vive se convence de que es vida y corre en el tiempo. Es la vicisitud de una voluntad siempre tras una posesión imposible
Cada cosa se destruye, acontece y pasa transmutada en un constante desear, y como nunca la voluntad está satisfecha sin fin, sin cambios, está en cada momento entero y nunca finito el indiferente transmutar de las cosas, el infinito deseo
La trama ilusoria alumbrada de placeres no es tan espesa como para impedir que la oscuridad de lo desconocido se vislumbre. Un dolor sordo y continuo que la sed de la vida reprime
Solo la palabra que ha atravesado la nada, que habla en armonía con esto, resulta auténticamente persuasiva: no indica, no significa, pero es capaz de revelar, y hace aparecer sentidos ocultos, en aquello que está dado y es inmediato y cercano, el darse de una multiplicidad de los sentidos
El logos más alto no es el que pretende ser definitivo sino aquel que sabe revelar un sentido que excede el significado dado en el discurso, que no significa sino que comunica
Quien quiera tener un solo instante de vida, ser solo un momento persuadido de lo que hace debe adueñarse del presente, ver todo el presente como el último, como si después viniera la muerte cierta y en la oscuridad crearse por sí mismo la vida
La persuasión no es la abolición de la voluntad sino una inmensidad y profundidad vertiginosa de la vida, caracterizada por la apertura no intencional al mundo
Persuasión es la flor, es lo que brota no buscado de una actividad que ve en cada cosa todo el mundo
Mayo10 de 2026